Home-office; trabajo tradicional y, otra vez, home-office


Por Francisco J. Carro * (Columnista invitado)
Ocho años trabajando en clientes, un año en uno, seis meses en otro, dieciocho en otro y asi… Durante esos ocho años no tuve escritorio, a veces un box, otras una mesa larga compartida con una veintena de almas, otras una oficina al lado de la salita de la impresora. Llegué a trabajar debajo de una escalera, en un cuarto sin luz, con aire viciado y con temblor en el cielo raso.
El laburo (trabajo) de consultor en sistemas es así, era lo que yo buscaba y el dinamismo que tiene es la dosis de adrenalina que algunos necesitamos en nuestra profesión. Pero después de esos ocho años, añoraba un escritorio, MI escritorio. Y aunque técnicamente no lo conseguí, me surgió una chance de acercarme a esa añoranza.
Bullofriverside
Después de una gran implementación en USA, me incorporé al equipo de soporte para mi cliente y pude cambiar de aires, empecé a hacer home office (es más lindo decirle jomofis). La idea era clara: conectarme a las 8 am, resolver problemas, aplicar parches, modificar procesos e implementar mejoras todo desde un escritorio en mi casa. Todo a través de banda ancha. ¿Tiempo de viaje al trabajo (Commuting time)? 3 segundos.
Y así fue que pasaron otros 20 meses y ahí dije “no va más”. Necesito ver gente, tomar un bondi (bus), subte o metrobús. Necesito interactuar con alguien o algo más allá de mi perra y de los ocasionales contactos con mis usuarios. Necesito vestirme con otra ropa aparte de hacerlo con mi extremely-casual-style a quien cariñosamente llamo Punga y Manchita (un pantalón jogging,  joggineta, negra con gotas de lavandina; no pregunten por Punga).
Entonces arreglé con mi cliente que, a partir del primero de enero de este año, me diesen un escritorio/mesa/tabla/salita en sus oficinas comerciales aquí en el Distrito Federal en México. Y no solo me dieron eso, me dieron una oficina vacía que tenían. La de un gerente que se fue. Y ahora tengo un escritorio, mesita de reunión, biblioteca, ventana y lo más importante: vecinos de oficina con quien charlar. ¨Commuting time? 30 minutos desde que salgo de casa hasta que entro en el edificio del cliente. WIN
Pero un problema surgió. Como parte de una reducción de costos a nivel regional, mi cliente va a mudar sus oficinas a las de su compañía nodriza, que quedan, básicamente en la otra punta del DF (quien conoce el DF sabrá que el tránsito es parecido al de Calcuta). ¿Opciones? Transporte publico (commuting time? 2 horas y un poquito más cada tramo). Comprar un segundo auto (Commuting time: 1 hora y monedas por segmento pero costos de traslado elevados). Jomofis (cero costo, 3 segundos de commuting. WIN WIN)
Resignaré nuevamente la interacción diaria, el viajar con una sonrisa en el metrobús o el respirar el smog de una de las ciudades con más polución del planeta, pero gano tiempo que hoy, con mi hijo de un año y un mes, considero precioso.

* Francisco J. Carro (@FranJCarro) es padre, esposo, amigo y consultor. Cuentacuentista. Experto en procrastinar. BA, NYC & MX. 

Si querés enviarnos una idea de columna hacelo a ideas@jomofis.com

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